En España sí hay margen para gobernar bien. Lo raro es que sobreviva el político capaz de usarlo
Es lógico que las élites económicas hayan perdido protagonismo en una democracia de masas y territorialmente descentralizada
El optimismo al uso está sobrevalorado. Es engañoso, porque sacrifica el largo al corto plazo. Y triste, porque nos condena a la mediocridad
Mandan más quienes solían obedecer. Tienen malos incentivos y poca información; pero demandan excusas, más que conocimiento
Colocar amigos en cargos de responsabilidad no sólo nos condena a sufrir su incompetencia sino que es contagioso
Para ejercer como administrador concursal de España sobran la ideología y hasta las ideas