Yo votaría menos Estado de Bienestar porque sospecho que genera incentivos perversos

Entrevista de Alejandra Olcese en El Mundo, 12 de enero de 2026

Benito Arruñada (Vegadeo, Asturias, 1958) es doctor en Economía por la Universidad de Oviedo y catedrático de Organización de Empresas en la Universidad Pompeu Fabra, profesor en la Barcelona School of Economics e investigador asociado de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). En una entrevista con EL MUNDO asegura que el poblema de la vivienda en España tiene una solución fácil: "liberalizarlo todo".

PREGUNTA. "Las preferencias ciudadanas frenan las reformas en España. La culpa es nuestra". Esto es lo que sostiene en el título de su último libro, ¿por qué cree que es así?

RESPUESTA. Porque hay una correlación grande entre las preferencias que muestra la gente y la configuración de las políticas por parte de las instituciones. Entonces, la gente quiere bienestar, dinero, productividad... pero ¿cuánto están dispuestos a pagar por ello? Las personas no entendemos cuáles son las consecuencias de las políticas, hay un problema de racionalidad. Si no sabemos cuáles son esas consecuencias e incluso no sabemos ni cuál es nuestro interés, no sabremos buscar políticas que sean acordes con nuestro interés.

P. ¿No lo sabemos porque no queremos saberlo o porque no se pone esa información a nuestra disposición?

R. Un poco de todo. No queremos porque exige esfuerzo y exige pensar, y preferimos creer lo que cree el resto.

P. ¿Qué reformas cree que necesita España?

R. La reforma que me parece necesaria es una reforma institucional, pero no para cambiar las instituciones en sí, sino para cambiar cómo se configuran las preferencias de la gente. Un ejemplo sería suprimir los engaños y la opacidad que hay en todo el pago de impuestos y cotizaciones sociales. En el IVA, por ejemplo, como mínimo que se suprima la directiva que obliga a las empresas a publicar los precios con impuestos incluidos. Se supone que el objetivo es que la transacción de mercado le resulte más fácil al consumidor, pero ¿a costa de qué? De que la transacción política queda opaca. Cuando una persona compra unas gafas, por ejemplo, está pagando su precio y a la vez está pagando un servicio público. En el combustible, por ejemplo, la mitad de lo que pagamos son impuestos.

P. En su libro dice que hay una solución muy obvia al problema de la vivienda pero que no queremos tomarla, ¿cuál es?

R. Liberalizar. Liberalizarlo todo.

P. Pone de ejemplo a seguir las medidas de Milei en Argentina...

R. Sí, y también la ley de inquilinatos de 1845. La gente no lo sabe, pero todo esto [en alusión al centro de Madrid] está construido gracias a esa ley, porque todos los edificios de viviendas se construyeron para alquilar. Esa ley fue puramente liberal, se construyó en todos los ensanches de las ciudades españolas. Después, en 1920, un ministro conservador, [Gabino] Bugallal, dictó un decreto que por 18 meses congeló los alquileres. Era una medida que iba a ser temporal, pero al final estuvo vigente hasta 1985 en que Felipe González decide liberalizar el mercado de alquileres y de licencias y horarios comerciales. Eran dos leyes en la buena dirección. Después, en 1993-1994, por la necesidad de pactar con Cataluña se aprobó una Ley de arrendamientos urbanos, que introduce que la duración mínima del contrato ha de ser de cinco años, y una Ley de comercio, que reintroduce licencias y deja los horarios en manos autonómicas. Hubo una marcha atrás impulsada por Cataluña, que es el ancla retrógrada de España. Más tarde hubo una ley del PP, pero no dio marcha atrás totalmente.

P. Ahora que menciona al PP, en el libro dice que nunca plantea un programa alternativo y que incluso "legitima las políticas del sanchismo"...

R. Bueno, no es la idea central en el libro, pero sí es en un ejemplo. La cuestión es que el PP o Vox lo que están haciendo es responder a las preferencias de los votantes. Todos van a lo mismo.

P. Ha dicho que Cataluña era el ancla retrógrada de España, ¿sigue siéndolo?

R. Sí. En realidad lo que está pasando en España lo vimos en 2017 en Cataluña, es lo mismo: el procés, el proceso en castellano, se ha españolizado. La falta de respeto a la separación de poderes ahora se lleva a cabo desde el Gobierno central.

P. Cuando habla de Cataluña dedica una parte al sistema de financiación, ¿cree que realmente se va a llevar a cabo?

R. Querríamos creer que no, pero bueno, la capacidad de hacer barbaridades... El problema es que hasta ahora todo lo que se ha hecho es irreversible. Bueno, en Cataluña se han ampliado ya las competencias y han contratado más gente para la Agencia Tributaria de Cataluña. Ya solo eso es tiene una consecuencia monumental en términos de derroche.

P. También se queja en el libro de que llevamos "más de cuatro décadas aguantando sin pestañear los privilegios de País Vasco y Navarra", ¿qué otra cosa se puede hacer con un derecho blindado en la Constitución?

R. El cupo se puede calcular de muchas maneras, se puede discutir en las Cortes... es que no se ha discutido nunca. Habría que renegociarlo y restablecer los números sin necesidad de cambiar la Constitución. Y bueno, en algún momento tendríamos que plantearnos quizá la necesidad de cambiar la Constitución. Para esto y para más cosas.

P. ¿Cómo cuál?

R. Establecer una separación de poderes más blindada, por ejemplo.

PREGUNTA. En el ámbito social, habla de que estamos malcriando a nuestros hijos -cae la natalidad y cada vez hay más cabalgatas de Reyes y celebraciones de cumpleaños, graduaciones, etc-.

Llega a decir que estamos creando "pequeños tiranos"...

RESPUESTA. Bueno, no son solo los niños, también son las bodas. Con las bodas pasa lo mismo. Se celebran unas bodas imponentes y pasan dos años y se divorcian. Da la impresión de que cuanto menos contenido, más celebración.

P. También señala que frente al mantra de que tenemos las generaciones jóvenes más formadas de la historia, usted cree que ha bajado tanto el nivel de exigencia que lo que tenemos es a las generaciones más tituladas y que acabarán más frustradas...

R. Así es, ese es uno de los grandes mitos. Otro es defender, con esto de Venezuela, el mundo de las reglas. Pensar que estábamos viendo un mundo de reglas ayuda a justificar que se hayan abandonado los esfuerzos europeos o que hayamos creado el Estado del Bienestar.

P. ¿Lo ve negativo?

R. Yo soy liberal y grosso modo creo que funcionan mejor las cosas en la sociedad si cada palo aguanta su vela y limitamos la red de seguridad social.

P. ¿Como en Estados Unidos?

R. Incluso menos. Pero mejor, puede hacerse mejor. Estados Unidos tiene una red de seguridad disfuncional totalmente. Podemos ir a soluciones danesas o suecas, pero es muy distinto lo que tenemos en el Mediterráneo. Yo votaría menos Estado de Bienestar porque sospecho que genera a largo plazo incentivos perversos.

P. ¿Está España en un ciclo virtuoso de crecimiento y empleo?

R. Los datos macro, en la medida en que sean creíbles, son buenos, pero los datos de producción y consumo por individuo no son tan buenos. Llevamos estancados 20 años prácticamente y perdiendo posiciones dentro de Europa otro tanto.

P. ¿Y en empleo?

R. Si los datos son creíbles que, bueno, hay indicios de que ha habido una manipulación clara de las cifras de empleo y de contratos y con los fijos discontinuos y cosas por el estilo... Incluso tomándolos como creíbles, la calidad, la productividad del empleo medio que se crea es muy baja. Esto genera externalidades negativas cuando no se está dotando al país de las infraestructuras necesarias, no sólo en vivienda, sino también de otras. En infraestructuras estamos empezando a ver las costuras del asunto. Lo más obvio fueron los trenes, pero también el apagón es un ejemplo. Las cifras de inversión pública son muy negativas. Si China se estima que destina del orden del 7 u 8% del PIB a inversión pública, España anda por bajo del 2% y Suecia está en el 4%.