{"componentChunkName":"component---src-templates-blog-post-js","path":"/es/blog/Las-culpas-del-proces","result":{"data":{"pageData":{"edges":[{"node":{"frontmatter":{"lang":"es","template":"blogPost","slug":"Las-culpas-del-proces","summary":"Los nuevos datos del CEO señalan quién alimenta la división catalana: aún más que TV3, el espectador","title":"Las culpas del ‘procés’","pubDate":"2026-07-12T16:14:36.000Z","categories":"Cataluña, separatismo, preferencias, responsabilidad","translateKey":"blogPost-1116"},"excerpt":"The Objective,12 de julio de 2026 Aliança Catalana pasaría de dos a más de veinte escaños y adelantaría a Junts, según la última ola del…","html":"<p><a href=\"https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2026-07-12/culpas-proces-articulo-arrunada/\"><em>The Objective</em>,12 de julio de 2026</a></p>\n<p>Aliança Catalana pasaría de dos a más de veinte escaños y adelantaría a Junts, según <a href=\"https://theobjective.com/espana/cataluna/2026-07-09/psc-elecciones-alianca-catalana-junts-cis-catalan/\">la última ola</a> del «barómetro» del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO). Los partidos ya calculan mayorías. Pero ese barómetro guarda algo más valioso que una proyección electoral: veinte años de datos sobre quién enciende la división catalana.</p>\n<p>Acaba de aparecer el <a href=\"https://www.nature.com/articles/s41599-026-07280-2\">último</a> de una valiosa serie de trabajos de los profesores José María Oller, Albert Satorra y Adolf Tobeña sobre la <a href=\"https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2024-09-29/cataluna-como-trampa-rentista/\">fractura secesionista</a> en Cataluña. Para medir cómo ha evolucionado desde 2006, exploran esa serie: sesenta y una encuestas, unas ciento veinte mil entrevistas independientes. Su conclusión es de continuidad con algo de atenuación reciente: las tensiones se desinflan, pero la fractura persiste, articulada por los mismos ejes de siempre, la lengua familiar y el consumo de medios públicos autonómicos.</p>\n<p>La lengua familiar es el predictor dominante: la distancia en apoyo a la secesión entre quienes crecieron en catalán y quienes lo hicieron en castellano supera de forma constante los cuarenta puntos porcentuales. El consumo de medios es el segundo eje: quien sigue la televisión y la radio de la Generalitat, que emiten solo en catalán y con una línea marcadamente nacionalista, declara con más frecuencia —a igualdad de lengua— una identidad «solo catalana» y más apoyo a la independencia. Un apoyo a la secesión que, según la serie larga de estos autores, cae desde 2018, a la vez que reaparece la identidad dual catalano-española, sobre todo por el relevo generacional.</p>\n<p>El trabajo es sólido y los autores describen esas relaciones, con prudencia estadística, como covariaciones; pero su marco subyacente es el de la oferta. Si bien extreman la cautela metodológica al advertir que sus datos «no permiten conclusiones sobre causalidad», su lenguaje está trufado de expresiones que parecen presuponerla, con medios que «cultivan» actitudes y alimentan una «burbuja comunicativa», y se apoya, sin distanciarse de ellos, en trabajos previos que hablan de «adoctrinamiento mediático». La causalidad no está explícita en las correlaciones estadísticas, pero sí implícita en el marco desde el que las exponen. En esa medida, la brecha sería en gran parte un producto fabricado desde el poder. </p>\n<p>Por suerte, los barómetros más recientes permiten ir un poco más allá de la correlación. Desde 2023, el CEO no encuesta en cada ronda a personas distintas, sino que sigue a las mismas a lo largo de varias rondas. Este seguimiento —un «panel»— permite observar cómo cambia cada individuo, y no solo el promedio de cada muestra sucesiva. De este modo puede empezar a contrastarse si la división está teledirigida desde arriba o surge desde abajo; si responde, en suma, a una hipótesis de oferta o de demanda.</p>\n<p>La primera prueba es directa: cuando alguien mueve su posición sobre la independencia, ¿qué se mueve con él? Si el motor fuera la oferta, su opinión cambiaría a la vez que su dieta informativa. No es lo que ocurre. Lo que acompaña al cambio de postura es el cambio de identidad, no el de medios ni el de la situación económica. Quien se siente menos catalán o más español afloja; quien cambia de canal, no.</p>\n<p>Un segundo indicio lo confirma por descarte. Si lo que empujara a la opinión fueran los medios públicos, el deshielo tendría que concentrarse en quienes se alejan de ellos. Pero se observa en el panel que la deriva hacia el «no» a la independencia es la misma entre quienes los siguen y quienes no: es transversal a su seguimiento. El aparato mediático sigue emitiendo lo mismo y, sin embargo, el apoyo a la secesión baja por igual dentro y fuera de su audiencia. Si el emisor no cambia y el receptor sí, no parece que sea el emisor quien manda, sino el receptor. </p>\n<p>Por último, tras descontar el cambio de identidad, el de la economía, el de la confianza en las instituciones y el de la ideología, aún queda una deriva que ninguno de estos factores explica: una parte del apoyo a la independencia se retira con el mero paso del tiempo. Este enfriamiento residual del separatismo proporciona otra pista, pues parece obedecer no tanto a la adhesión identitaria como a la urgencia por plasmarla políticamente. Preguntados por las prioridades que debería atender el Gobierno catalán, los ciudadanos señalan la economía, la sanidad y la vivienda. En cambio, «Resolver las relaciones entre Cataluña y España» solo aparece en cuarto lugar. El conflicto que monopolizó una década de política, calles y balcones es hoy, relativamente, lo que menos les urge: una mayoría del sesenta y uno por ciento lo sitúa en el último lugar de sus prioridades.</p>\n<p>Aunque el panel abarca solo tres años y cada uno de estos cambios es modesto, todos apuntan en la misma dirección: demanda, no oferta. No dice cómo se formó la identidad de cada cual, que pudo cultivarse durante décadas; solo dice que, hoy, no son los medios quienes la mueven. La gente sigue sintiéndose como se sentía; lo que ha abandonado es la exigencia de traducir ese sentimiento en ruptura. Y no son los jóvenes quienes se apean: son sus mayores. El enfriamiento se concentra a partir de los cuarenta años, un mecanismo que el relevo generacional de la serie larga no capta. El menú identitario sigue en la carta, pero buena parte de la ciudadanía ha dejado de pedirlo. </p>\n<p>Distinguir oferta de demanda importa porque cada hipótesis señala un responsable distinto. Si la brecha es un producto de la oferta, la responsabilidad recae en el aparato institucional y las élites que lo controlan, y basta con modificarlo o relevarlas. Si es un fenómeno de demanda, <a href=\"https://www.amazon.es/culpa-nuestra-preferencias-ciudadanas-reformas/dp/8410941821\">la responsabilidad es de los ciudadanos</a>, y <a href=\"https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2024-05-19/leyenda-de-cataluna/\">no se delega tan fácilmente</a>: no basta con desmontar una estructura ni cambiar de líderes. </p>\n<p>Un dato más incómodo retrata hasta qué punto la creencia en el engaño anida en la propia ciudadanía: casi la mitad de los catalanes se muestran de acuerdo con que «habría que cuestionar el derecho al voto universal cuando tanta gente está mal informada y es tan fácil de engañar». La tentación tiene más voltaje en la derecha —la suscriben seis de cada diez— que en la izquierda, donde baja a casi cuatro de cada diez. Pero ese mínimo no desaparece en ninguna franja del espectro político, y dentro de cada franja la lengua materna apenas cambia el resultado. </p>\n<p>Este desprecio por el criterio del votante ajeno no es, pues, patrimonio de un bando ni sigue la frontera lingüística que lo ordena todo en Cataluña. Es un sustrato compartido, minoritario en cada grupo pero presente en ambos. Y es la coartada más cómoda. Si el otro vota mal porque está engañado —por los medios, por el aparato—, la culpa no es de las preferencias de nadie, ni las suyas ni las propias, sino de un tercero que manipula: la teoría misma de la oferta es la forma que tiene el ciudadano de no responsabilizarse. Quien elige el medio que le da la razón y a la vez sospecha del criterio del vecino no es la víctima de una burbuja. Es su habitante voluntario: no lo engañan, elige que le den la razón.</p>\n<p>Un medio partidista solo polariza a quien lo elige, y cada uno elige lo que quiere oír. La televisión que emite en una sola lengua a una población que mayoritariamente vive en otra no crea esa población: encuentra a la fracción que la busca. El <em>procés</em> no se apagó cuando, bien que por un tiempo breve, le cerraron el grifo; empezó a apagarse cuando se dejó de pedir. Y podría reavivarse del mismo modo, con el mismo aparato o con otro. La brecha no la enciende quien transmite. La enciende quien sintoniza.</p>"}}]}},"pageContext":{"blogPageSlug":"blog","slug":"Las-culpas-del-proces","prefix":"/es","lang":"es","locales":["en","es"],"translateKey":"blogPost-1116"}},"staticQueryHashes":["3649515864"]}